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Arte y cultura

Isla Mauricio ha sufrido numerosas colonizaciones por lo que ha absorbido, con delicadeza, todo aquello que unos y otros han dejado a su paso. A pesar de que su cultura se ha visto enriquecida por influencias europeas y asiáticas y de que su esencia es básicamente africana, sus  manifestaciones artísticas y culturales poseen una fuerte influencia de la cultura “creole” o criolla.


Arquitectura


En cuanto a la arquitectura, el estilo criollo es lo más sobresaliente. Se distingue por su particular belleza de líneas y formas, que encajan perfectamente en el medio ambiente. Independientemente del tamaño de las casas, sean grandes, pequeñas, de varios pisos o de una planta, el estilo criollo ha respetado el paisaje, por lo que las casas se construyeron en el centro de jardines o entre plantaciones tropicales. Sin dudas, la arquitectura criolla posee un fuerte carácter que se refleja en sus diseños. El material más utilizado es la madera, tanto en el exterior como en el interior. El corazón de la casa son las grandes y amplias galerías que dan a espacios verdes, mientras que las habitaciones, el comedor o los baños se ubican en la parte posterior de la casa. Lo que diferencia una casa de estilo criollo es su diseño, su decoración original, que va de los simples ángulos a la variedad geométrica que se percibe sobretodo en las ventanas, en sus trabajos de hierro forjado y en el rico colorido de las fachadas. Entre los numerosos sitios donde puede apreciarse la arquitectura de Isla Mauricio, destaca Port Louis con la Plaza de Armas, hermoso conjunto de la época colonial, donde se pueden ver estatuas de destacados personajes históricos, el Ayuntamiento, la Biblioteca Pública, el Colegio Real y la Basílica de Santa Elena. Sobresalen, además, las edificaciones en madera de la población de Curepipe. Pero es la casa de Eureka construida en 1830 el mejor ejemplo de la arquitectura criolla. En cuanto a castillos y fortalezas, la mayoría de influencia europea, se distingue el Castillo de Reduit, utilizado por los franceses para cobijar a las mujeres y niños en caso de ataques británicos. Originariamente se construyó en madera para reconstruirse en piedra.


Música


Dicen que la música y el canto es el destino y el sino de Mauricio. Y es que la música es una de las máximas expresiones de la isla. Mauricio es uno de esos lugares privilegiados donde diferentes etnias con sus respectivas culturas y tradiciones perviven en armonía y paz. Este enriquecimiento cultural se vive en todos los lugares de la isla donde las diferentes razas procedentes de Europa, África, Asia y Madagascar aportan sus costumbres, lenguas y religiones. Sin embargo uno de los elementos artísticos más característicos de la cultura mauriciana es de origen criollo, el Sega. Es el baile mauriciano por excelencia cuya practica se remonta al siglo XVII con la llegada de los primeros esclavos importados en la isla. El ritmo del sega cobra vida en los sonidos de las “ravanes” especie de largo tambor y a través de ellos se cuentan historias de amores y penas, así como episodios del pasado del país. La tradición se mantiene desde los tiempos de la esclavitud, cuando al finalizar la jornada los esclavos se reunían para cantar y bailar alrededor de grandes hogueras. El ritmo del sega es de origen mozambiqueño, pero gracias a la aportación de los diferentes grupos étnicos se ha visto enriquecido. Entre los diferentes instrumentos destacan, además del “ravane”, el “bobre”, una especie de arco, el triángulo y la serpe, especie de guadaña a la que se golpea Hotel La Pirogue con un punzón de metal.


Gente y costumbres


La población de Isla Mauricio es el resultado de una continua inmigración de diferentes razas procedentes de Madagascar, Europa, África y Asia. Este hecho ha convertido a Mauricio en un rico e interesante microcosmos étnico y cultural. Y es que cada una de estas razas ha traído su particular cosmovisión, sus creencias, sus deseos y su peculiar forma de entender la existencia. Mauricio es el encuentro de muchos mundos, es un viaje a la esencia del hombre. Los atractivos de Mauricio no se reducen a sus bellas playas, a sus magníficos hoteles o exóticos restaurantes, es su gente, nacida de diferentes sangres, razas, culturas y religiones, el verdadero atractivo del país. A pesar de su diversidad, el común denominador de los habitantes de la isla, el rasgo que identifica a los mauricianos es, sin duda, su franca, abierta y contagiosa sonrisa. Este gesto sincero es su tarjeta de presentación. No en vano se ha denominado al país con el significativo nombre de “La sonrisa del Índico”, junto a otros títulos como “El Esplendor o la Perla del Índico”. Por otro lado, los mauricianos son gente que respeta el medio ambiente, viviendo con profunda armonía. Es por eso que comparten con generosidad su alegría al saberse habitantes de parajes paradisíacos. El país es un territorio tranquilo, rico en muchos aspectos humanos y de ahí que se diga popularmente como reclamo turístico que “en Mauricio no hay problemas”. Quizás el bienestar y la calma que se respira, ha llevado a sus habitantes a batir recientemente el récord de natalidad. Se trata de una nación joven pero comprometida con su pasado y con su historia, dispuesta siempre a la diversión, a la fiesta y al encuentro con el extranjero y el visitante. Es por eso que siempre están preparados para el diálogo, interesándose por la vida del viajero. Los auténticos nativos de la isla, provenientes de Madagascar, morenos y de pelo muy rizado como buenos malgaches, han conseguido perpetuar muchos de sus rituales. No olvide acercarse y asistir a cualquiera de sus fiestas, donde la música, la tradición y la magia, lo transportarán a ambientes nunca imaginados. La mayoría de los mauricianos se comunican en francés, lengua oficial, o en criollo, fruto del mestizaje entre el francés y la lengua aborigen. Y sea cual sean las palabras para comunicarse, siempre prevalecerá el tono cordial y afectuoso que los distingue y caracteriza.


Literatura


La lengua creole posee una literatura propia, pero bastante escasa y dispersa. Es por ello que se guarda como un tesoro el primer libro documentado con textos en creole, titulado “Essais d´un bobre Africain”, publicado por su autor Francois Crestein en el año de 1822. La obra consta de 17 poesías en lengua nativa y un número menor en francés. Habría que esperar treinta y dos años para que el poeta Lolliot escribiera un libro enteramente en creole 1855. Más tarde, este movimiento autóctono se extendería al teatro y a la narrativa. Dentro de las numerosas obras mauricianas destaca la novela de Bernardino de Saint-Pierre titulada “Pablo y Virginia”, donde se cuenta la historia de amor entre dos jóvenes mauricianos destinados a separarse. Virginia intenta regresar a la isla, pero su barco naufraga en los arrecifes de la Île d´Ambre. Pablo ve cómo muere su amada y más tarde lo hará él de dolor y de pena.


Filatela


En 1847 Isla Mauricio emitió sellos postales por primera vez y fue unos de los primeros países del mundo en hacerlo, tras Inglaterra, Brasil y Suiza. Desde entonces, los sellos de Mauricio han sido muy conocidos por su calidad y por sus diseños que representan paisajes, plantas, retratos y animales. La isla se hizo célebre por su “Blue Mauritius”, un sello que se emitió en 1848 en el que se representaba el perfil de la reina Victoria sobre un fondo azul marino y que llevaba la mención “Post Office” en lugar de “Post Paid”. Cuentan que ha sido el error más importante de la historia de la filatelia. De estas piezas sólo quedan cuatro ejemplares en el mundo de los cuales uno fue adquirido en 1995 por el museo de los PTT de La Haya e incorporado en una serie de sellos holandeses de 80 céntimos en conmemoración de este acontecimiento.



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